Los racionamientos eléctricos pueden generar una serie de afectaciones en la población, tanto a nivel individual como empresarial ya que la vida cotidiana de los ecuatorianos cambió de forma radical y ahora nos aferramos a las
pocas horas de luz que a causa de la crisis tenemos para trabajar.
Las empresas dentro de sus gastos regulares tuvieron que invertir en la compra de generadores y una recarga diaria de combustible, otras industrias reorganizar los turnos de trabajo y en algunos casos despedir a su personal.
Los negocios afectados tales como tiendas, talleres, y pequeños emprendimientos que dependen de maquinaria eléctrica pueden sufrir pérdidas. Los alimentos perecibles en refrigeración, por ejemplo, se deterioran. Existe además reducción de productividad en oficinas y fábricas que dependen de la electricidad enfrentan retrasos y reducción en la producción.
Interrupción de actividades diarias las tareas domésticas que dependen de la electricidad, cómo cocinar con electrodomésticos o lavar ropa, se ven afectadas. Existe mayor riesgo de robos ya que las áreas sin iluminación pública se vuelven más vulnerables a la delincuencia.