Su objetivo es facilitar la transmisión de electricidad gracias a su baja resistencia que ejerce pues contienen electrones libres en su interior por lo que facilitan el desplazamiento de las cargas en el material.

Los conductores más utilizados normalmente son de cobre o aluminio. Aunque ambos cuentan con características de conductividad eléctrica muy buena, el cobre se caracteriza como el elemento principal en la fabricación de conductores, ya que cuenta con notables ventajas mecánicas (resistencia al desgaste y maleabilidad) y eléctricas (capacidad para transportar electricidad). Se pueden clasificar en tres grupos:

Metálicos.- Son conductores que actúan de forma electrónica ya que se contienen electrones libres para portar las cargas.

Electrolíticos.- Son aquellos que poseen una conducción de clase iónica. Esto significa que las sustancias deben atravesar una disociación total o parcial, para dar lugar a la formación de iones positivos o negativos, los cuales se encargan de portar las cargas.

Gaseosos.- Estos conductores eléctricos son gases, pero no cualquier tipo de gas, sino uno que haya sido sometido a la ionización, proceso que lo vuelve capaz de conducir la electricidad. Este tipo de conductor rara vez se lo utiliza.